viernes, 5 de febrero de 2010

Desde la sede de los camilianos


Queridos amigos/as

El próximo jueves la Iglesia celebrará, coincidiendo con la festividad de Nuestra Señora de Lourdes, la Jornada mundial de los enfermos.

¿Qué sentimientos se nos despiertan? La ternura, la calidez, ...
¿Qué valores se despiertan? La solidaridad, la justicia,....
¿Qué dones espirituales? La compasión, la presencia...

Os invito a ir rellenando las sucesiones de sentimientos, valores y dones despiertos. Es bueno saber qué habita en el corazón de cada uno de nosotros.
Las palabras, los gestos, las actitudes, el valor, la valentía, la honestidad, la libertad, el miedo, la maledicencia, el engaño,,, son pesca que sale en nuestras redes porque los otros solo pueden recojer en nosotros aquello que nosotros previamente hemos sembrado o hemos dejado sembrar.

La compasión, la ternura, la presencia, la hospitalidad solo podrá ser reconocida y recogida en la medida en que habite en nosotros. Del mismo modo solo podremos reconocerla en los demás en cuanto que sepamos que existe. Como dicen los sanitarios "sólo se diagnostica y se detecta lo que previamente se sabe que existe". Quizá por ello no seamos capaces de reconocer en los demás valores y dones que están presentes, porque es en nosotros donde están realmente ausentes.

Quizá sea ese el generador mayor de sufrimiento añadido en enfermos y familiares. No ser capaces de detectar, reconocer y poner nombre en el corazón de los otros los dones que el espíritu ha sembrado (si algo le hemos dejado sembrar).

¡Cuantas veces nuestros diagnósticos, comentarios, frases y sentencias son descripción de nuestro propio corazón!


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lunes, 1 de febrero de 2010

León XII y la prohibición de vacunación


Dado que este tema sale de vez en cuando a flote, y con esto dicen que la iglesia siempre se ha opuesto a los avances médicos, traduje el texto que a continuación se puede leer. La cita original es esta

Quienquiera que permita ser vacunado deja de ser un hijo de Dios. La viruela es una sentencia de Dios: así la vacunación es una afrenta al cielo

Cita atribuida al Papa León XII 1829

Fue un fanático feroz, cuyo objeto era destruir todas las mejoras de los tiempos modernos y forzar la sociedad hacia el Gobierno, costumbre y las ideas de días medievales. En su ira absurda contra el progreso detuvo la vacunación; en consecuencia, la viruela devastó las provincias romanas durante su reinado, junto con muchos otras maldiciones que su ignorancia brutal trajo sobre los habitantes de esas hermosas y fértiles regiones .

G. S. Godkin


Annibale della Genga - un hombre enfermizo de 63 años, afectado por hemorroides crónicas,fue nombrado Papa León XII en 1823 y comenzó un régimen más fuerte, más religioso y más conservador en los Estados Pontificios. Como consecuencia, se convirtió en una figura muy rechazazada. La autoridad de los papas se había debilitado mucho durante la ilustración, la revolución posterior y la violencia que la siguió. El nombramiento de León, por el clero conservador, llegó en reacción a esto y a la manipulación constante de la política papal por la prudencia política. Él fue piadoso, puritano y confrontacional; tenía el hábito de disparar a las aves en los jardines Vaticanos lo que conmocionó a los cardenales. En el gobierno interno de los Estados Pontificios tomó medidas para establecer su autoridad moral. Se sentenció a la cárcel a personas capturadas jugando los domingos y días de guardar, los vestidos ajustados estaban prohibido para las mujeres. Se prohibieron los bises y ovaciones en los teatros y a los actores se les prohibió improvisar sobre temas de actualidad en sus presentaciones. A los bares en Roma se les prohibió la venta de alcohol, el que tuvo que ser comprado en la calle; esto llevó a un incremento masivo en la ebriedad pública. Los judíos fueron condenados a guetos y prohibidos de tener bienes raíces propios. 300 de ellos fueron obligados a asistir a servicios cristianos cada semana y transacciones de negocios entre los judíos y los cristianos estaban prohibidas. El éxodo posterior de los judíos de los Estados Pontificios empeoró una situación económica ya debilitada.

Los asistentes de León, no fueron mejor. El cardenal Ravorolla, quien fue enviado como legado a Rávena se convirtió en una figura de diversión por sus tiránicos decretos. Él cerró posadas, prohibió el juego y requirió que quien saliera por la noche llevara una linterna con ellos. También instaló un gran cofre de hierro fuera de su residencia en la que las personas podrían poner denuncias anónimas de sus vecinos, el cardenal Palotta intentó abordar el enorme número de ladrones en sus provincias, pero se convirtió en una figura tan odiada que se vio obligado a dimitir. Cuando lo hizo los bandoleros celebraron misas de acción de gracias para celebrar.

De lejos la acusación más mordaz contra León XII fue que se denunció y prohibió la práctica de la vacunación.Paul Badham menciona por ejemplo en su 'fuentes de autoridad en ética cristiana':

Más tarde, las prácticas de inoculación y vacunación se enfrentaron a una férrea oposición teológica. De hecho en 1829 León XII declaró que quien decidiera ser vacunado ya no era un hijo de Dios; la viruela es un juicio de Dios, y la vacunación era un desafío al cielo.


Otros cuente una historia más espeluznante, por ejemplo, este sitio menciona:

' Prohibió a la vacunación contra la viruela durante una epidemia, afirmando que era "contra la ley natural'.


Otros sitios mencionan que miles murieron durante los brotes de viruela, todo como resultado de la obstinación y locura teológica del Papa. Esta historia, en sus diversas formas ha pasado a ser citada con frecuencia en el debate de la religión y la ciencia como un ejemplo de cómo el cristianismo ha bloqueado los avances científicos y médicos.

Vacunación en el siglo XIX en Italia y en las provincias de los Estados Pontificios

En 1796, Edward Jenner se hizo famoso creando un método de vacunación que podría evitar la propagación de la viruela. La enfermedad se temía enormemente en ese tiempo dado que uno de cada tres de los que contraían la viruela moría, y aquellos que sobrevivían quedaban a menudo gravemente desfigurados. Jenner descubrió que al inocular un poco de pus producida por una enfermedad benigna de vacas llamada viruela de la vaca (de ahí el nombre vacunación n.t.)a un joven llamado James Phipps lo protegió contra el virus de la viruela humana. Este proceso de Jenner reemplazaría la inoculación por viruela misma (variolización) donde se administraba una pequeña cantidad de virus de la viruela vivo al paciente; esto lleva al grave riesgo de que el paciente muera o enferme, esperando protegerlo de la viruela natural. Luego de que el descubrimiento de Jenner fue publicado, la práctica de la vacunación comenzó a extenderse gradualmente por Europa.

Las Guerras Napoleónicas realmente ayudadaron a la introducción de la vacunación del Mediterráneo. Dos médicos excéntricos, Joseph Marshall y John Walker fueron enviados a Gibraltar, Menorca y Malta para ayudar al ejército y Armada de Gran Bretaña y para inocular a los habitantes de las ciudades aliadas. Marshall terminó en Palermo donde 8.000 habían muerto recientemente de un brote de viruela. Decidió establecer un centro de vacunación en un seminario jesuita donde trataba a los pobres dos veces a la semana. De Palermo, la vacuna fue llevada a Nápoles por Michele Troja, médico de la familia real, y luego a Roma, donde fue administrada en el verano de 1801. Marshall siguió en el período de paz desde 1802-3, estableciendo un Instituto en Nápoles y viajando a través de Roma, Génova y Turín, difundiendo los beneficios de la vacunación "Jenneriana". Era realmente necesario, señalaba Marshall, por ejemplo, en los suburbios alrededor de Génova, los mendigos desfilaban con sus bebés cubiertos de pústulas rogando un poco de caridad. Mientras tanto en el norte, la vacunación había llegado a Lombardía, traída por los médicos que acompañan a la marcha de los ejércitos franceses. Luigi Sacco fue nombrado director de vacunación para la República Cisalpina de Napoleón en 1801 y pudo jactarse de que dentro de los 3 años había eliminado la viruela completamente. 'Yo me felicito', escribió, 'que en Italia, he visto los medios de promover la vacunación en un grado tal que ningún otro reino de la misma población ha igualado'.

La respuesta del papado a la llegada de la vacunación en Italia se ha documentado en la práctica de la vacunación "antivariolique dans les provincias de l ' État Pontificia au 19ème siècle", un artículo escrito por Yves-Marie Bercé y Jean Claude Otteni para Revue d ' Ecclésiastique. Cuando la viruela golpeó Roma, la vacunación fue apoyada por el Papa Pío VII. En el hospital del Espíritu Santo en el Borgo Santo Spirito entre la orilla del Tíber y el Vaticano, la autoridad papal estableció un centro de vacunación que recibió 800 recién nacidos cada año. Este fue operado por los médicos como Dr. Alessandra, que anteriormente había sido un ardiente propagador de inoculación de la viruela, Domenico Moricchini el químico napolitano (1773-1836) y el joven Flajani de Alessandro. 'Casi todos los niños recién nacidos son vacunados' Sacco informó al Barón en 1824' para que no tengamos ahora ningún miedo de la viruela'.

La aprobación de la vacunación en Roma se demuestra por una obra de Alessandro Flajani en 1805 que documenta su investigación sobre las políticas médicas en curso en Berlín, Viena, Londres y París; una gran parte de este trabajo refería la práctica de la vacunación. El informe se publicó a su regreso a Roma. Conforme a las reglas de censura, el libro fue juzgado ajustado a la religión católica, la fe y costumbres; recibió el 16 de junio de 1807, las aprobaciones de p. Oliveri, Dominicana, profesor de Archiginnasio de Roma, profesor de medicina Francisco Petraglia y la administración del estado eclesiástico. El libro, a continuación, fue dedicado al Papa. Por lo tanto, en los inicios de su circulación en Europa la vacunación fue permitida oficialmente por la iglesia y se practicaban públicamente en el gran hospital romano. Un amplio precedente ya había sido creado por el Papa Benedicto XIV (Papa Lambertini) que había intentado introducir la inoculación de viruela por el antiguo método de variolación en los Estados Pontificios a principios del siglo XVIII.

¿Las cosas cambian más tarde?. Parece que no. De acuerdo con Bercé y Otteni, en enero de 1814, los franceses evacuaron Italia central, para ser reemplazados por las tropas de Murat, rey de Nápoles. En las provincias del norte del estado de la Iglesia, Emilie y Romagna, fue el ejército austriaco el que asumió el papel líder. Pío VII regresó a Roma el 24 de mayo de 1814 y en mayo de 1815 la administración Pontificia recuperó sus territorios al norte. Todas las medidas de la anterior administración fueron mantenidas y los únicos cambios fueron titulares, que se convirtió en Pontificia en lugar de imperial. El uso del francés fue retirado de los documentos públicos, pero muchos notables dignatarios, magistrados, funcionarios administrativos no fueron cambiados, con muy poca persecución penal de los beneficiarios del régimen anterior. Las iniciativas de vacunación, que se habían debilitado debido a los acontecimientos militares en 1813 y 1814, comenzaron nuevamente a funcionar plenamente al final de 1815.

En 1821 se fundó el Consejo de vacunación, que estaba compuesto por profesores de medicina de la Universidad de Roma y Bolonia. Tenía bajo su control todos los médicos certificados por las comunas (el uso de los médicos municipales, medici di condotta, había sido instigado desde el siglo XIV). Los médicos no pueden ser considerados para estos puestos municipales sin haber mostrado la competencia en la vacunación. Rutinariamente fueron inoculados orfanatos y hogares de ancianos y los Gonfaloniers de las comunas (el equivalente del alcalde) fueron instruidos para permitir las actividades de los vacunadores. Los magistrados municipales fueron ordenados a organizar una vacunación general de los bebés recién nacidos cada primavera y otoño. No había ninguna ley oficial de obligación para vacunar, pero ningún recién nacido podría escapar de vacunación

Las autoridades de los distintos Estados Italianos estuvieron atentos a los peligros de las epidemias. La llegada de la cólera en Roma en 1830 ocasionó medidas de emergencia y el refuerzo de las comisiones médicas. No parece que hubiese inusuales niveles de mortalidad en Roma durante las décadas de 1820 y 1830, ni más allá. Una investigación por un médico francés, Hippolyte Combes en 1838, dijo sentencias muy favorables de las políticas médicas italianas en general. De acuerdo a su relato, el estado eclesiástico no fue una excepción y ha mantenido una tasa de medicalización comparable con el resto de la península. También señala a León XII como digno de elogio por subvencionar la educación médica en Roma. La prensa médica italiana no hace mención alguna a cualquier prohibición de vacunación o cualquier caso inusual de muerte en los Estados eclesiásticos; ni tampoco los colegios profesionales médicos - aunque a menudo decididamente críticaban la autoridad temporal del Papa - critican al papado por ser negligente en sus asuntos médicos. En resumen, no hay constancia de una prohibición o cualquier sugerencia de una prohibición por León XII o su administración que pueda encontrarse en los archivos.

El edicto imaginario

Todo esto nos obliga a plantear la pregunta, ¿de donde surge esta idea de la proibición Papal a la vacunación?. De acuerdo con Bercé y Otteni, los biógrafos y contemporáneos de León XII no mencionan ningún interdicto. El Caballero Artaut , el primer biógrafo de León XII y de Massimo d ' Azeglio, cita al último como un gran admirador de Jenner, "un hombre que ha salvado a muchos de la muerte, Dios sabe cuántos millones… llegará el día cuando Jenner se celebrará en dimensiones superiores a Napoleón". Es probable que si León XII hubiera promulgado un interdicto de la vacunación, Azeglio, que estaba bien informado de las acciones del Papa,lo hubiera mencionado en sus memorias relativas a la vida en Roma durante la primera mitad del siglo XIX. De la misma manera, los historiadores de los papas del siglo XIX no mencionan una oposición a la vacunación. Philippe Boutry por ejemplo escribe:

«Después de Consalvi,la vacunación continuó bajo León XII, que no parece haberla querido detener, en contraposición a lo que afirma una cierta tradición».


La investigación del interdicto en tratados de historia eclesiástica tampoco ha podido mostrar nada.

Un historiador católico Donald Keefe llegó a esta historia cuando se fue repetida por el Prof. Daniel Maguire, de la Universidad de Marquette. Keefe trató de rastrear el origen de la cita de León XII, un seguimiento de nota a nota, de libro a libro y encontró que había sido emanada de un doctor Pierre Simon en "naissances Le Contredes" con ninguna fuente nombrada. Sin embargo, es probable que el mito sea mucho más antiguo y date del siglo XIX, como se puede encontrar en 'Vida de Víctor Manuel II de G. S. Godkin' en 1880.

De acuerdo con Bercé y Otteni el origen del mito de la prohibición de vacunación de León XII es sin duda debido a la personalidad del cardenal Della Genga cuando fue convertido en Papa en 1823. Su intransigencia y piedad alienaron la opinión liberal muy rápidamente. Su espiritualidad austera lo convirtió en blanco de críticas y comentarios ficticios. Los viajeros ingléses que visitaban la península y muchos de los diplomáticos que se establecieron en Roma comentaron sobre la severidad del pontífice. El oscurantismo de la Iglesia, la inercia del Gobierno Pontificio, las supersticiones ridículas de la piedad italiana, el ocio y la suciedad de los sureños fueron estereotipos comunes de las cuentas de los viajeros a Italia. Estos rumores pudieron haber llegado a oídos de historiadores "librepensantes" como S.G Godkin y penetrado en sus relatos históricos. (n.t. en el original dice whig historians que es un término peyorativo referido a historiadores que destacan y exageran lo "primitivo" y atrasados del pasado para destacar los ideales de progreso e iluminación)

En conclusión, la presunta prohibición de León XII a la vacunación es un mito de los "progresistas" que ha sido repetido y promulgado rastreramente desde entonces, a pesar de no tener absolutamente ninguna base en los hechos. Sin duda en el ciberespacio seguirá teniendo nuevas luces de vida entre los que se tragan cualquier mito siempre y cuando sea anticatólico o antirreligioso.

Gracias a Alfonso Taboada por llevar esto a mi atención.

Información adicional

'Un seguimiento a la nota a pie de página' – Donald J Keefe

Pratique de la vacunación antivariolique dans les provincias de l ' État Pontificia au 19ème siècle - remarques sur le supposé interdit vaccinal de Léon XII - Yves-Marie Bercé1 - Jean-Claude Otteni

«La vida y la muerte de viruela» Ian Glynn

jueves, 3 de diciembre de 2009

MENSAJE PARA LA JORNADA MUNDIAL DEL ENFERMO 2010

EWTN.com - MENSAJE PARA LA JORNADA MUNDIAL DEL ENFERMO 2010


CIUDAD DEL VATICANO, 3 DIC 2009 (VIS).-Hoy se hizo público el mensaje del Papa con motivo de la XVIII Jornada Mundial del Enfermo, que se celebrará el 11 de febrero de 2010, memoria de Nuestra Señora de Lourdes, en la basílica vaticana.


Al recordar que este año coincide con el XXV aniversario de la institución del Pontificio Consejo para la Pastoral Sanitaria, el Santo Padre expresa el deseo de que este hecho “sea una ocasión para un empuje apostólico más generoso al servicio de los enfermos y de los que cuidan de ellos”.


“El sufrimiento humano obtiene sentido y plenitud de luz en el misterio de la pasión, muerte y resurrección de Cristo”, escribe Benedicto XVI. “El Señor Jesús, en la Última Cena, antes de volver al Padre, lavó los pies a los apóstoles, anticipando el supremo acto de amor de la Cruz. Con este gesto invitó a sus discípulos a entrar en su misma lógica del amor que se dona especialmente a los más pequeños y necesitados. Siguiendo su ejemplo, cada cristiano está llamado a revivir, en contextos distintos y siempre nuevos, la parábola del Buen Samaritano”.


El Papa escribe que Jesús “nos exhorta a curar las heridas del cuerpo y del espíritu de tantos hermanos y hermanas nuestros que encontramos por las vías del mundo; nos ayuda a comprender que, con la gracia de Dios acogida y vivida cotidianamente, la experiencia de la enfermedad y del sufrimiento puede ser una escuela de esperanza”.


“En el actual momento histórico-cultural -continúa- se advierte aún más la exigencia de una presencia eclesial atenta y extensa junto a los enfermos, así como una presencia en la sociedad capaz de transmitir de manera eficaz los valores evangélicos que tutelen la vida humana en todas las etapas, desde su concepción hasta su fin natural”.


El Santo Padre agradece “de todo corazón a las personas que cada día “realizan un servicio a los que están enfermos y los que sufren, con el fin de que el apostolado de la misericordia de Dios, al que se dedican, responda cada vez mejor a las nuevas exigencias”.


En este Año Sacerdotal, Benedicto XVI se dirige a los presbíteros, “ministros de los enfermos”, “signo e instrumento de la compasión de Cristo, que debe llegar a cada ser humano marcado por el sufrimiento”. En este contexto, invita a los sacerdotes a “no ahorrar energías en procurarles atención y consuelo. El tiempo transcurrido junto a quien sufre es fecundo de gracia para todas las otras dimensiones de la pastoral”.


“Me dirijo finalmente a vosotros, queridos enfermos -concluye-, y os pido que recéis y ofrezcáis vuestros sufrimientos por los sacerdotes, para que puedan mantenerse fieles a su vocación y su ministerio sea rico de frutos espirituales, en beneficio de toda la Iglesia”.

miércoles, 18 de noviembre de 2009

¿Eres realmente católico?

Un pequeño test:

1. ¿Quiero ser Santo?

2. ¿Voy a misa por obligación todos los domingos?

3. ¿Voy a permitir que mis hijos elijan libremente su religión, no quiero influenciarlos?

4. ¿Creo que la veneración a la Virgen es algo secundario y algo pasado de moda?

Si a la primera pregunta respondiste no, o las siguientes si es que no eres católico; así de fuerte, así de simple. Nuestro señor es un Dios radical e intenso, no le gustan las medias tintas, (porque no eres ni frio ni caliente te vomito de mi boca; si no estás conmigo estás contra mí), Es todo misericordia y amor pero es valiente y decidido, y no pide a nosotros eso mismo, ser valientes, enfrentar al mundo; si, parafraseando a un grupo musical, nunca quedas mal con nadie es que no has tomado la cruz de Cristo y no eres un católico de verdad.

¿Quiero ser santo?

Es una pregunta seria, ¿Realmente quiero ser Santo? En otras palabras, ¿quiero entrar al paraíso, por la puerta ancha? Nuestro Señor murió para que todos seamos santos, pero exige una respuesta de nuestra parte, todos aquellos que nos precedieron y que veneramos como Santos, tomaron la opción, la mayor parte de ellos movidos por el amor a este Varón de dolores. La Santidad es una opción que uno puede aceptar o rechazar, si bien la gracia gratuita de Dios se manifestó en estos grandes santos ellos la pidieron y la recibieron conscientemente, muchas veces en contra de familias, amigos, poderes etc. Para ser Santo no hay que merecerlo ni hay que ser predestinado, todos fuimos elegidos, la Sangre de Cristo se derramó por todos, y está en nosotros aceptar el plan salvífico. Si soy católico es porque ¡Si!, quiero ser santo, (similar es que si entré a la universidad es porque quería ser profesional y puse mis esfuerzos en esta meta), si no quiero ser santo estoy mintiéndome a mí mismo yendo a la iglesia.

¿Voy a misa por obligación?

Debo reconocer que esta es una pregunta capciosa, buscaba un Sí…. Sí, es mi obligación ir a misa todos los domingos; si yo le preguntara a un enamorado ¿es tu obligación ir a ver a tu novia? diría no, es mi necesidad; lo mismo un alma enamorada de Cristo, mi alma tiene sed de ti… no es obligación ir a misa, es el centro de mi vida, para eso me preparo en la semana y la misa me envía a vivir la semana para Cristo. La eucaristía es el motor de la vida de un católico de verdad, si voy por obligación quiere decir que estoy recién partiendo, y me falta profundizar en el principal mandamiento… Ama a Dios sobre todas las cosas.

¿Voy a permitir que mis hijos elijan libremente su religión, no quiero influenciarlos?

Esta es una pregunta que nos enfrenta a la cultura predominante actual, lo políticamente correcto, en esta sociedad de “libertades”, es permitir que cada uno elija su camino, en esta sociedad de relativismo es que si las creencias de cada uno no interfieren con el otro da lo mismo ser creyente o no; ser católico, ateo, evangélico o testigo de Jehová es indiferente si soy una “buena persona”. En cambio si yo soy un convencido de que Cristo es el camino, la verdad y la vida voy a tratar de ganar las mayor cantidad de almas para Cristo, porque es mi deber de caridad; si estoy realmente convencido de que el camino de la salvación es lo mejor que me puede haber pasado voy a luchar porque mis hijos lo elijan, es por demás lo que prometimos al momento de bautizarlos. Esa opción de decir “yo soy creyente pero no bautizo a mis niños para que ellos elijan su camino” ¿no significará que mis creencias no son tales y es solo un continuar con tradiciones que no me han calado y que no son más que ceremonias sin sentido que tranquilizan mi conciencia?

¿Creo que la veneración a la Virgen es algo secundario y algo pasado de moda?

No se puede ser Católico si no se ama a María, ella es el camino más directo a Cristo, ciertamente somos cristianos como gran denominación, pero si amo a Cristo y no a su madre no puedo decirme católico. María es la mayor de las creaturas de nuestro Señor, ella con su sí valeroso y decidido nos regaló a Jesús y ese solo hecho bastaría para amarla y agradecerle de todo corazón. Pero por otro lado los católicos creemos en la comunión de los Santos, y tenemos una gran admiración de aquellos que ya están en presencia del Señor y que son capaces de interceder por nuestra Salvación, con cuánta más razón y fuerza puede interceder por nosotros la madre terrenal de nuestro salvador. El culto de veneración a María es cristocéntrico, su maternidad es su fuerza y ella media las gracias que su hijo concede, es el camino más seguro a Jesús, el redentor, y sus ultimas palabras en el evangelio revelan cual es su mensaje “hagan lo que Él les diga”

Al señor Jesucristo todo honor y gloria.

miércoles, 3 de junio de 2009

El Corazón de Jesús y los primeros viernes

Una humilde religiosa, Santa Margarita Alacoque, del monasterio de Paray –le- Monail (Francia),
fue confidente de una serie de revelaciones y promesas por parte de Nuestro Señor Jesucristo, vinculadas a la devoción a su Sagrado Corazón, tan ultrajado por los hombres. Entre las promesas la más conocida es la llamada también Gran Promesa que se refiere a la práctica de los primeros viernes. Jesús le reveló esta promesa a la Santa en el año 1688.


 

He aquí su texto tal como lo reprodujo el Papa Benedicto XV en la Bula de Canonización de Santa Margarita (1920)   El Señor Jesús se dignó dirigir estas palabras a su fiel esposa:   « Te prometo, en una efusión misericordiosa de mi Corazón, que el omnipotente amor de mi Corazón concederá el beneficio de la penitencia final a los que por nueve meses seguidos, se acerquen a la Sagrada Mesa los primeros viernes de cada mes:No morirán en mi desgracia ni sin recibir los Santos Sacramentos; y, en aquellos últimos momentos, mi Corazón les será asilo seguro».    He aquí algunas consideraciones en torno a esta Gran Promesa:


 

1-) La perseverancia final es una gracia que sólo se puede impetrar con la oración.  Para alcanzar la salvación es absolutamente necesario que el hombre, en el momento de la muerte, se encuentre en gracias, es decir en estado de amistad con Dios, que participe de la vida divina. Esta gracia se llama don de la perseverancia final.   La realización de esta feliz circunstancia –de que la muerte venga cuando estemos  en gracia de Dios- depende sólo de la libre voluntad y misericordia de Dios, por lo cual es un  «gran don», como lo llama el Concilio  Tridentino (1546).   Nadie puede estrictamente merecer este don supremo, pero todos podemos impetrarlo infaliblemente con al oración confiada, humilde y perseverante. Por lo cual la Iglesia pide sin cesar en sus oraciones litúrgicas esta gracia para todos su hijos y exhorta a los fieles a que la imploren en sus oraciones.


 

2-)  ¿ Qué asegura la Gran Promesa?  La Gran Promesa nos asegura nada menos que esta gracia, la máxima que se le puede conceder a un hombre en esta vida: es decir la muerte en estado de amistad con Dios y con ello la eterna salvación.  Cuatro cosas expresan la magnitud de la Gran Promesa:    - «Concederé la gracia de la perseverancia final», o sea el no morir en pecado mortal, sino en estado de gracia de Dios.   - « No morirán en mi desgracia», los que cumplieren las condiciones de la Gran Promesa.   - «Ni sin recibir los sacramentos», si les fueren necesarios para salvarse.


 

El recibir los santos sacramentos e la hora de la muerte propiamente no es una promesa absoluta, sino condicional: depende del estado de gracia o de pecado en que se encuentre el moribundo y de lo que Dios determine en sus inescrutables designios.   Pues el pecador puede  recobrar la gracia santificante también con un acto de contrición o caridad perfecta, en cuyo caso no le es absolutamente necesario el sacramento de la Confesión. Pero si el pecador necesita este sacramento o el de la Unción para salvarse, la Gran Promesa le garantiza su válida y fructuosa recepción.   - « Mi Corazón les será asilo seguro en aquella última hora». Es otro modo en que Jesús da la seguridad a sus devotos de obtener una buena muerte.


 

En la Gran Promesa no se promete que hecha una o más veces la práctica devota de los primeros viernes, ya no volverá a pecar gravemente y así perder la amistad de Dios.  Lo que nos asegura es la gracia de no morir en pecado grave, si hemos tenido la desgracia de vivir algún tiempo en él. Se nos promete pues el estado de gracia para el momento decisivo de nuestro traspaso del tiempo a la eternidad.

3-) Las condiciones requeridas para ser partícipe de la Gran promesa.    La condición expresamente requerida para que se cumpla la Gran Promesa es que se reciba la comunión digna (no sacrílega, es decir recibida conscientemente en estado de pecado grave). Tiene que ser la comunión en los viernes de nueve meses consecutivos. Deben ser nueve y no menos.    Además tienen que ser comuniones y no pueden ser suplidas por otras buenas como Rosarios, Vía crucis, etcétera. Tiene que ser recibida la comunión los primero viernes: viernes es el día en que se recuerda y revive la pasión del Señor que nos amó y se entregó a sí mismo a la muerte por nuestra redención.    Estas comuniones, como se deduce del contexto de las revelaciones hechas a Santa Margarita, deben ser hechas con la intención –que puede ser hecha de una vez para siempre- propia al culto al Sagrado Corazón de Jesús que es «el culto de amor con el cual Dios nos ha amado por medio de Jesús y es  al mismo tiempo la práctica de nuestro amor a Dios y a los hombres» (Encíclica de Pío XII sobre el Sagrado Corazón, n 70).    La comunión se hace, en cuanto es posible (no es una condición indispensable) dentro la Misa. Esto corresponde mejor a la Liturgia y también a la mente de Santa Margarita que en una de sus cartas escribe: «Este amable Corazón... quiere que recurran a Él con gran confianza y me parece que no hay medio más eficaz para obtener lo que se pide que el Sacrificio de la Misa». Y en nuestro caso se trata de pedir nada menos que el gran don de la perseverancia.


 

4-)  Las condiciones que empeñan a fondo los fieles.    Para que el cristiano pueda cumplir las condiciones indicadas necesita una gran dosis de buena voluntad y de espíritu de sacrificio.    - En efecto, la Comunión no está prescrita en domingo o fiesta de precepto, cuando ya de suyo hay obligación de asistir a Misa y por lo tanto es también más fácil acercarse a la comunión. Está prescrita más bien en un día de trabajo y éste no está dejado a la libre elección del fiel, sino que está establecido en concreto: un viernes. Por lo tanto un día hábil en que uno ordinariamente trabaja (en la fábrica, en el campo, en la oficina, o en la escuela).    - Además, no en cualquier viernes, sino en el primero del mes- que no cae tampoco siempre en el mismo día, sino que varía  todos los meses- y esto durante nueve meses consecutivos.      Estas diminutas prescripciones, si por un lado representan cierta dificultad, traen también las ventajas en orden a las fructuosa recepción del sacramento.    Suponen en el fiel el deseo sincero de la Comunión, la atención al determinado día; requieren cierto sacrificio para poder acercarse a la Comunión un día de trabajo..., etcétera – circunstancia que ayudan a crear las buenas disposiciones en la persona.      Y se sabe que la gracia se otorga «según la medida que el Espíritu Santo la da a cada uno y según la cooperación de los hombres» (Concilio Tridentino).

5-) La Gran Promesa se entiende en el contexto del culto al Sagrado Corazón de Jesús.   La Gran Promesa se debe considerar como una cosa aislada, sin ninguna relación y conexión con el culto al Corazón del Redentor, sino más bien como una expresión de este culto que en definitiva es «la profesión práctica más completa de la religión cristiana « (Encíclica del Pío XII, n 69).

Se debe tener por lo tanto la confianza de que aquellos que han cumplido con rectitud las circunstancias para las comuniones de los primeros viernes, recibirán del omnipotente amor y misericordia infinita de Jesús las gracias necesarias para que puedan vivir la auténtica vida cristiana como la quiere el genuino culto al Sagrado Corazón de Jesús; o de todos modos que se cumpla en ellos el plan de salvación establecido por Dios hasta no poner obstáculos al último y grandioso gesto de la misericordia de su Corazón cual es el don de la perseverancia final.

Nótese que la práctica de los primeros viernes, precisamente porque deben ser  hechos en el contexto del culto al Corazón de Jesús, llevará a lo que es esencial en el Culto al Corazón de Jesús: la consagración y la reparación. (Encíclica de Pío XII n. 75).   Con la consagración queremos dar a nosotros mismos y todas nuestras cosas al Señor reconociendo de esta manera que todo lo hemos recibido de Él y que a su servicio deben ser encaminadas.   Con la reparación y expiación de los pecados propios y ajenos nos ayudamos mutuamente en el camino que conduce al Padre Celestial y participamos también en la expiación de Cristo.

Así en la Liturgia del Corazón de Jesús se pide que nuestra ofrenda resulte agradable para la reparación de los pecados.


 



 

Oración que puede decirse después de cada una de las comuniones de los nueve primeros viernes

Jesús mío dulcísimo, que en vuestra infinita y dulcísima misericordia prometiste la gracia de la perseverancia final a los que comulgaren en honra de vuestro Sagrado Corazón nueve primeros viernes de mes seguidos: acordaos de esta promesa, y a mí, indigno siervo vuestro, que acabo de recibiros sacramentado con este fin e intención, concededme que muera  detestando todos mis pecados, creyendo en vos con fe viva, esperando en vuestra inefable misericordia y amando la bondad de vuestro amantísimo Corazón. Amén

Corazón de Jesús, casa de Dios y puerta del cielo:  tened piedad de nosotros.

Corazón de Jesús, rico con todos los que os invocan: tened piedad de nosotros .


 

Corazón de Jesús, esperanza de los que mueren en Vos:  tened piedad de nosotros

viernes, 8 de mayo de 2009

¿Qué hacer ante la homosexualidad?

¿Qué hacer ante la homosexualidad?

Fuente: Interrogantes.net
Autor: Alfonso Aguiló

Oirás muchas verdades
que llaman consoladoras;
pero la verdad libera primero
y consuela después.
Georges Bernanos



Pienso que cualquiera que haya conocido un poco de cerca el drama que muchas veces rodea la vida de una persona homosexual, siente a partir de entonces una comprensión y un aprecio muy especial por esas personas. Cuando se comprende un poco mejor la realidad de su sufrimiento, dejan de hacer gracia las bromas que algunos gastan sobre este asunto, y más bien producen un profundo desagrado.

Muchos de ellos desean un cambio, y la idea de que no puede haberlo suele responder más a una reivindicación de grupo que a una realidad orgánica o fisiológica. Hay abundante experiencia de que quienes lo han logrado. Así lo asegura, por ejemplo, el psicólogo holandés Gerard van der Aardweg, sobre la base de una experiencia clínica de veinte años de estudios sobre personas que estaban en esa situación y deseaban salir de ella.

Aardweg insiste en que el homosexual tiene también instintos heterosexuales, pero que suelen ser bloqueados por su convencimiento homosexual. Por eso, la mayor parte de los pacientes que lo desean verdaderamente y se esfuerzan con constancia, cambian en uno o dos años, y poco a poco disminuyen o desaparecen sus preocupaciones, aumentan su alegría de vivir y su sensación general de bienestar. Algunos acaban por ser totalmente heterosexuales; otros tienen episódicas atracciones homosexuales, que son cada vez menos frecuentes conforme toma fuerza en ellos una afectividad heterosexual.

La Iglesia Católica les pide que vivan la castidad, exactamente igual que se lo pide a todas las personas heterosexuales que no están casadas.

—Hay cierto debate sobre si es o no una enfermedad, pero está claro que no figura en el catálogo mundial de enfermedades mentales.

En 1973 la homosexualidad fue extraída del “Diagnostic and Statistical Manual of Mental Disorders” (DSM), pero hay que decir que aquello constituyó uno de los episodios más oscuros de los anales de la medicina moderna. Fue relatado ampliamente por uno de sus protagonistas, Ronald Bayer, conocido simpatizante de la causa gay, y es un buen ejemplo de cómo la militancia política puede llegar a interferir y alterar el discurso científico. Durante los años previos a esa decisión se sucedieron repetidos intentos de influir en los congresos de psiquiatría mediante insultos, amenazas, boicots y otros modos de presión por parte de de activistas gays. El obstruccionismo a las exposiciones de los psiquiatras fue en aumento hasta llegar a tomar la forma de una auténtica declaración de guerra. La victoria final fue para el lobby gay, aunque hay que decir que, a pesar de las presiones, la aprobación de la exclusión de la homosexualidad del DSM no obtuvo más que el 58 % de los votos. Era una mayoría cualificada para una decisión política, pero desde luego bastante débil para dar por zanjado un análisis científico de un problema médico. Se piense lo que se piense al respecto –y la falta de unanimidad médica debería ser una buena razón para optar por la prudencia en cuanto a las opiniones tajantes–, la verdad es que la controvertida decisión final estuvo más basada en la acción política que en una consideración científica.


¿Es o no una enfermedad?

«Fui homosexual activo durante veintiún años, hasta que me convencí de la necesidad de cambiar –explicaba Noel B. Mosen en una carta publicada en la revista New Zealandia.

»Con la ayuda de Dios, lo conseguí. Ahora llevo seis años felizmente casado y no experimento ninguno de los deseos homosexuales que antes dominaban mi vida. En todo el mundo son miles las personas que han cambiado, igual que yo.

»Es falso que se haya probado la existencia de un gen que determine la homosexualidad. Si los genes fueran determinantes, cuando uno de dos gemelos fuera homosexual, también el otro tendría que serlo; pero no ocurre así.

»Además, si la orientación sexual estuviera genéticamente determinada, no habría posibilidad de cambiar; pero conocidos expertos en sexología como D. J. West, M. Nichols o L. J. Hatterer, han descrito muchos casos de homosexuales que se convierten en heterosexuales de modo completamente espontáneo, sin presiones ni ayuda de ninguna clase.

»Mi experiencia es que la homosexualidad no es una condición estable ni satisfactoria. No es libertad: es una adicción emocional.»

En las últimas décadas, sin embargo, se ha impuesto una especie de férrea censura social que tacha de intolerante todo lo que contradiga la pretensión de normalidad defendida por determinados grupos homosexuales muy activos. Estos grupos de influencia presentan el estilo de vida homosexual de modo casi idílico. Transcribo, por el contrario, un testimonio publicado no hace mucho en El Semanal. «Leí la entrevista que salió en el número 656 de su revista el pasado 21 de mayo. Si ese chico es feliz viviendo su homosexualidad, pues me alegro. No quiero ahora valorar la homosexualidad ni a quienes la practican. Tan solo quiero dar mi testimonio por si a alguien le sirve. He vivido mi homosexualidad durante unos diez años. He sufrido constantes angustias, infidelidades, traiciones y celos. Desde hace un año he cortado con esas relaciones y procuro salir con chicas y cambiar de ambiente. Cada vez me encuentro más feliz y no quiero caer en los errores pasados. Creo considerarme un ex gay. Aviso a navegantes: ¡ser gay no es tan rosa como lo pintan!»


No es una simple cuestión de palabras

La correcta comprensión de este asunto no es una cuestión de simples precisiones académicas o terminológicas. Acertar en esto representa una cuestión importante para bastantes personas que viven condicionadas por el viejo dogma de que la homosexualidad es algo innato, inmutable y extendidísimo.

No es extraño que un adolescente sienta unas leves tendencias homosexuales durante el desarrollo de la pubertad, habitualmente de modo pasajero y que pronto disminuyen. Pero si a esa chica o ese chico se le ha hecho creer que la homosexualidad es de origen genético, y que es algo permanente e inexorable, esa idea puede provocar que ese adolescente convierta una sencilla y circunstancial cuestión en una profunda crisis de identidad sexual.

Afirmar que las personas con inclinaciones homosexuales no pueden sino actuar según esas inclinaciones, supondría negar a esas personas lo más específicamente humano, que es la libertad personal. Probablemente esas inclinaciones no son decididas voluntariamente, pero siempre son libres de decidir no practicarlas para no reforzar esa tendencia.

—¿Y qué contestarías a quienes dijeran que tus ideas sobre este tema son “homófobas”, y que por tanto no deben tolerarse?

Les pediría que rebatan mis afirmaciones. Todos tenemos derecho a sostener lo que nos parezca verdadero u oportuno. Si quieren rebatir afirmaciones científicas han de hacerlo con otras de la misma naturaleza. Si se trata de opiniones o juicios de valor, tendrán que oponer otros. Pero no la intolerante exigencia del silencio o de la rectificación forzosa. Porque hay mucho progresista cazador de brujas que quisiera quemar en una pira pública todo lo que no coincida exactamente con sus dogmas sobre el tema, pero la libre investigación científica y la libertad para expresar valoraciones y opiniones no pueden quedar limitadas por los prejuicios ideológicos, por más que estos se enmascaren con el ropaje de la dignidad ofendida.

Me llama la atención que quienes defienden, por ejemplo, la castidad o la fidelidad conyugal tengan que sufrir, en nombre de la tolerancia, todo tipo de ataques o de burlas, y sin embargo no se pueda opinar en otro sentido dentro de este tema. Parece que no puede hablarse sobre aquellos a quienes el “progresismo oficial” otorga la condición de agraviados. Es una curiosa “tolerancia unidireccional”, por la que unos pueden atacar pero nunca ser atacados. Al final es un simple un problema de libertad de expresión, pues dictaminar qué se puede o no defender públicamente es siempre un atentado contra la libertad de expresión, y la reducción del adversario al silencio es siempre síntoma de debilidad intelectual.


La actitud de la Iglesia

—¿Y por qué la Iglesia católica parece tan dura y poco comprensiva con los homosexuales?

Creo que no es así. Es la misma sociedad la que, en muchas épocas y ambientes, ha sido dura y poco comprensiva con el homosexual. A veces los católicos se han contagiado de esa mentalidad, pero la Iglesia católica insiste en que esas personas deben ser acogidas con respeto y delicadeza, y que ha de evitarse respecto a ellas todo signo de discriminación injusta.

Como dice el Catecismo de la Iglesia Católica (nn. 2357-2359), las inclinaciones homosexuales son objetivamente desordenadas, y por tanto es inmoral realizarlas, pero el homosexual como persona merece todo respeto. Esas personas están llamadas a realizar la voluntad de Dios en su vida, y, si son cristianas, a unir al sacrificio de la cruz del Señor las dificultades que pueden encontrar a causa de su condición.

Es cierto que un número apreciable de hombres y mujeres presentan tendencias homosexuales instintivas, y que no eligen su condición homosexual, sino que ésta constituye para la mayoría de ellos una auténtica prueba. La acción pastoral de la Iglesia con estas personas –señala el teólogo Georges Cottier– ha de caracterizarse por la comprensión y el respeto. Con frecuencia se les ha hecho sufrir como consecuencia de actitudes que son más bien fruto de prejuicios que de auténticos motivos de inspiración evangélica. Tienen que sentirse miembros de pleno derecho de la parroquia, y para ellos vale la misma llamada a la santidad del resto de los demás hombres y mujeres. Hay que tener siempre presente la maternidad de la Iglesia, que ama a todos los hombres, también a aquellos que tienen pequeños o grandes problemas.

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